domingo 12 de octubre de 2008

MARÍA DE LUNA. Segorbe. Castellón.

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No es que en este tiempo de aparente inactividad no hayamos estado atentos a lo que nos acontecía cada día en lo referente a la restauración, no. Las notas tomadas (apuntes escritos y verbales), las fotos buscadas y encontradas (de momento ni se me ocurre ir pertrechado con alguna cámara de fotos a la obligada ceremonia del yantar) y los comentarios intercambiados, han ido llenado el "otro blog", el que mantenemos vivo y activo desde tiempo remoto, el de nuestras conversaciones cuando comemos en mesa y mantel y compartimos cubierto y ajuar con los amigos y amigas de encontrar nuevos lugares, nuevas propuestas (o antiguas recuperadas o remozadas) nuevos placeres a la obligada cotidianeidad del comer...
Y en esa lista de lugares, de platos, de vinos, de lozas y cristalerías, se empiezan a amontonar sitios cercanos y lejanos que deben ir saliendo a luz pública antes o después, o seguir entre los arcanos de los iniciados.
Poco a poco. 
De momento, hoy saldaremos una deuda. 
La deuda de afecto y reconocimiento a una empresa familiar y una trayectoria personal, la deuda contraída con alguien y "alguienes" que aportaron mucho y bueno a mi cultura gastronómica (y conmigo a varios de los encausados en este blog) y sobre todo a mi forma de ver y entender los vinos. No puedo dejar de decir que uno de los hermanos me inició en los matices y sutilezas de los "vinos modernos", claro que de esto hace ya algunos años (o no tantos), en un acto de generosidad y compromiso por compartir el conocimiento que iba adquiriendo en un (ya mítico) curso de catas; el otro hermano me regaló el placer de querer y saber apreciar lo que él ha dado en llamar "repostería líquida", de un PX Añejo Reserva Imperial (Caoba con ribete yodado. Potente con recuerdos de fruta pasificada (dátiles), arpillera, notas de caramelo, cacao, olivas y aldehídos marcados. Potente y largo, sensaciones de higos pasificados, café torrefacto, caramelo tostado, rayadura de naranja, café y cacao) a un Tokay húngaro, vino de reyes, rey de vinos, aderezadolo con una historia sobre Napoleón y su debilidad por estos caldos. Conviene recordar que estos vinos provienen de las uvas atacadas por la llamada "podredumbre noble", el hongo botrytis cinerea y cuya elaboarción parece tener su origen en la guerra contra los turcos que retrasó la vendimia y propició la propagación de esta "plaga". Todo esto, dos siglos antes de que en Sauternes comenzasen a elaborar sus singulares vinos tan adecuados para el foie.
Como homenaje que es a la familia Simón Martín, no puedo dejar de mencionar que hace pocos meses han cumplido 20 años de trayectoria profesional exitosa, con gran dedicación a este entrañable oficio de la restauración y hospedería en el que han ido renovándose e innovando según avanzaban los tiempos y se maduraban las costumbres. Hoy el hotel y restaurante María de Luna es un hito en la restauración de la Comunidad Valenciana, una joya en su concepto del negocio gastronómico: catas temáticas, menús degustación a diario, cartas de temporada... y sobre todo, una gran creatividad en las propuestas, una carta viva, cambiante, nada aburrida, con un producto de elevado nivel y gran calidad elaborado con todo el cariño y fidelidad a las "viejas maneras" reinventadas. Y además, una amplia bodega con una excelente selección de vinos. La sala es confortable, cálida, discreta en formas e iluminación, invita al placer de degustar. El servicio es impecable, muy profesional, cercano pero discreto, atento a cualquier necesidad.
La forma en que Javier Simón, oficiante de esta liturgia, trata los alimentos, es la fusión del buen hacer de estas comarcas, de veinte años de historia familiar en el negocio, de un enorme talento y de las nuevas tecnologías y la innovación en la cocina. Y se nota, vaya si se nota.
La carta ofrece variedad de propuestas y se hace difícil la elección,; yo, de esta última, me quedo con unos entrantes a base de "paqueticos" de pasta filo rellenos de morcilla, ajetes y habitas con compota de manzana y, luego, unas cintas de sepia salteadas con habitas y jamón. Pero después no podría perdonar el que me parece el plato estrella del momento: el cochinillo crujiente (sin adjetivos que le hagan la justicia merecida). 
Si ya es un lujo encontrar restaurantes donde sirvan cochinillo a raciones (si, ya se donde. pero no tiene ni comparación), mucho más es que éste haya sido tratado con gran esmero, cociéndose a temperatura constante (65º) durante el tiempo necesario (16 horas) para que hecho en su jugo, excelente, se acabe dándole la textura crujiente necesaria sobre la implacable placa ardiente momentos antes de servirse. No me extraña el gran éxito de este plato, es delicioso.
Y unos huevos fritos camperos sobre foie braseado y patatas paja y trufa. Y el solomillo de ternera con foie fresco y salsa de oporto con crema de patata trufada y setas en escabeche. Y el bacalao confitado en aceite de Jabugo sobre pisto de la huerta (de su huerta) y su jugo ligado con ajos asados. Y... vosotros mismos.
Antes del postre, para acabarse el vino, un surtido de quesos de la comarca (sobre todo el de Almedíjar) y ya para finalizar, dejarse llevar por cualquiera de los postres y empezar a pensar en que momento y con quien volveremos a Segorbe a deleitarnos con el elaborado de este restaurante al que comentando, rindo homenaje a las personas que lo han hecho y hacen posible. Todo un lujo para los paladares y la inteligencia.

Segorbe (Castellón)
Avda. Comunidad Valenciana, 2
Teléfono: 964711313

viernes 1 de agosto de 2008

VALENCIA. Sargantana.


En el negocio de la restauración existen muchos y distintos modelos de empresario, desde el restaurador y autor, creativo e innovador, arriesgado y difícil de seguir (económicamente hablando), hasta el bordador de viandas, eficaz y rentable (a nuestros bolsillos), pasando por los diferentes matices del gris mediocre o de los colores básicos: el copión relamido, el eficaz gastrónomo, el pulido, el carente de imaginación, el expendedor de obviedades, el previsible, el... vaya, que hay de todo o casi todo. El caso es que en esta ciudad que nos toca vivir para bien y para mal tenemos buena muestra de casi todo, y no hablo de cocina, de productos y guisos ni de materias y ajuar, hablo del negocio de la restauración, de esa abstracción personal de alguien o alguienes, que lleva a definir como quieren ser, que quieren mostrar al público, como quieren forjar su imagen pública. Hablo de la empresa que decide dar de comer a otros de determinada manera, igual o diferente a otras, pero propia.
En el restaurante Sangartana he encontrado una manera personal de abordar el negocio de la restauración, otra manera, la manera de Juanra Aparisi, llena de cuidados al detalle, a ciertos detalles que él magnifica y diferencia, su pequeño y suficiente local da cobijo a ese curioso ejercicio de branding que allí se lleva a cabo. El icono de marca esta omnipresente, insistente, pertinaz y obsesivo, pero no molesta, da sentido a ese modelo personal que reúne en una carta corta pero muy suficiente, propuestas clásicas y sencillas como el entrecotte o solomillo, sin ningún exceso imaginativo pero de una excelente calidad y a interpretaciones acertadísimas como el ajoblanco de melón, el lomo de cabracho con muselina de azafrán o los chipirones con catalana de foie.
Esa carta que Sarganta ofrece (http://www.sargantanarestaurant.com/carta.htm) clara manifestación de una manera de interpretar el negocio, muestra el equilibrio entre dos de los muchos mundos que conviven en la restauración, lo clásico y previsible y lo imaginativo pero accesible a paladares y bolsillos. Insisto en el mucho cuidado en el detalle, buena cristalería, buena vajilla, excelente servicio y una pequeña cava climatizada que atesora buenas referencias y que asegura el placer de alargar la sobremesa con algún licor o combinado bien preparado.
Considero un lujo el poder disfrutar de todo esto un domingo al mediodía, poder comer en un sitio razonable el fin de semana (sobre todo los domingos) se ha convertido en un imposible y disponer de alguna opción de calidad y precio justificado es, como ya he dicho, un lujo.
Debo de hacer mención a Juanra como alma y albacea de la pureza de su modelo de negocio, derrochador de conocimientos y opiniones, cercano y convincente, capaz de diversificarse proponiendo alternativas modernas a su establecimiento: catas temáticas, reuniones de negocios, música en vivo y una clara apuesta por la responsabilidad social corporativa.
Por mi parte sólo queda recomendar la visita a su página web, sobre todo los enlaces a la galería fotográfica de Flickr y, desde luego, que no os privéis de comer o cenar algún día en este interesante establecimiento. Merece la pena.
Valencia (Valencia)
Llano de Zaidia 16 Tel.: 96 3384833

domingo 27 de julio de 2008

El Templete. Cervecería andaluza. Valencia


Los amantes del tapeo (que no de las tapas), los entusiastas del "pescaito", los forofos del fino y la manzanilla (que no es lo mismo), los incondicionales de las chacinas, los fans del producto andaluz de calidad y bien cocinado, estamos de enhorabuena, la cervecería andaluza El Templete se mantiene firme a ese planteamiento de calidad y buenas maneras.
Productos genuinos, recién llegados del "zú", con todo el buen hacer que precisan los chanquetes fritos (blanquitos como las nubes), el salmorejo cordobés, las tortitas de camarones o las carrilleras que se amontonan con facilidad en la mesa merced a las generosas "medias raciones" que diligentemente llegan una tras otra a enriquecer nuestras pupilas y papilas.
Nada que objetar a las tortitas de bacalao, patatas "cabreás" o al cazón en adobo (clásicos donde los haya), además los puedes ayudar "a pasar" con una buena manzanilla (La Guita, por favor) y si no vas a conducir puedes, incluso, apurar sin miedo la botella fresquita, al fin y al cabo no se va a encontrar sola en tu sistema digestivo.
Presa ibérica, solomillo 3 salsas o rabo de toro, son otras de las propuestas de gran calidad en las carnes pero... con pero. Y no es que no estén bien buenas, no, no es eso, es que les sobran la salsas artificiales, de bote, inapropiadas a los deliciosos paladares de estos cortes del toro, del cerdo y del novillo; les sobran esas salsas infames de paladar torpe y simplón. No a las salsas enmascaradoras de las delicias gustativas. No gracias.
A cambio, los boquerones, los calamares, la puntilla, la sepia y demás riquezas del mar recogidas en el cartucho de Huelva son de primerísima calidad y están fritos como toca. No se puede dejar pasar la oportunidad de deleitarse con esta fritura popular
El otro pero, es menos pero, pero no deja de ser pero. ¡La cerveza de barril es Cruzcampo!, Que me perdonen los andaluces (sobre todo los sevillanos) "entregaos", los incondicionales, los auténticos... es que a mi, la Cruzcampo no me acaba de hacer, no me gusta, no me acabo de acostumbrar a su paladar. Como sé que no estoy solo en este parecer, os invito a ilustraros al respecto en http://lupuloycereales.blogspot.com/2008/03/cruzcampo-especial.html
En todo caso, lo bueno supera con creces a lo regular, incluso el local, decorado con el justo gusto "recargao", cuajado de fotos de toreros y toros, sillas "artesonás" y alguna planta de plástico, acompaña y ambienta el amable tiempo del tapeo. La música rociera y la simpatía venezolana se maridan con el buen oficio sevillano para oficiar el sublime acto del llantar en un entorno distendido y casi familiar y como todo no puede ser perfecto, un par de máquinas de premio mostraban en silencio sus luces de colores, si, en silencio, porque en las dos ocasiones que he tenido la suerte de tapear en El Templete, ni una sola vez se han hecho presente estos infames dispositivos.
Y todo esto al lado de casa, en uno de los barrios más populares y genuinos de la ciudad de Valencia, San Marcelino. En una recóndita placeta de fácil acceso por el Bulevar Sur está agazapado un surtido de los mejores productos de Andalucía esperando ser ofrecido.
Un lujo.

Reverendo José noguera, 3
Barrio San Marcelino
Valencia
Telf.: 963782118

domingo 20 de julio de 2008

Montejo de la Sierra (Madrid). El cucharón de Lola


Es curioso como, en ocasiones, llegamos a uno de esos sitios por pura casualidad, sin intención niguna, que acaban convirtiéndose en un icono, en un lugar de culto para esas ocasiones realmente especiales, un lugar del que casi duele salir y terminar la velada.

Esta semana pasada he podido disfrutar de unos días en la Sierra del Rincón, reserva de la biosfera, en Madrid. Dando un paseo por uno de los pueblos de la zona (Montejo de la Sierra), me llamó la atención un pequeño hotel rural, muy discreto y recogido cuyo restaurante (El cucharón de lola) sólo abría de jueves a sábado. Aprovechando que era jueves, decidí acercarme para "probar" algo de cocina lugareña.

Nada más llegar nos atendió Lola, la dueña, junto con su hijo Jose (cocinero), y enseguida nos dimos cuenta de que la noche iba a ser muy especial. El restaurante es la perfecta mezcla de ambiente rural, con paredes de piedra y objetos delicados que evocan el pasado, con una decoración moderna, muy cuidada, sin absolutamente nada que distorsione una atmósfera cálida, agradable.

Dispone de una terracita en la que se sigue observando que el detalle esa algo realmente importante para Lola, con plantas muy cuidadas combinadas con iluminación indirecta aderezada con velas, de nuevo en su justa medida.

Si bien el lugar es realmente precioso, debo reconocer que no tengo palabras para la cocina. Creo que todos los que colaboramos en este blog somos asiduos de los restaurantes, tanto por trabajo como por placer, por lo que disponemos de muchos elementos de juicio a la hora de valorar la cocina. Pues debo confesar que a día de hoy, puedo contar con los dedos de una sola mano las cocinas que puedan estar a la altura de este restaurante.

Solomillo. Jamás señores, jamás de los jamases he probado algo semejante. Punto perfecto, pero de verdad, no ese pánico habitual de muchas cocinas en las que el punto siempre se hace un poquito mas "por si las moscas". No tiene ningún sentido que intente explicar aquí su sabor, textura y exquisitez, es una experiencia que, al menos una vez en la vida, debe vivirse.

Ante tal manjar, no pude más que volver a visitar el restaurante al día siguiente, para poder recomendaros directamente el Bonito escabechado al punto, el asadillo manchego con ventresca, la ensaladilla rusa con gamba blanca, la merluza al horno o el lomo de atún en su jugo.

No quiero olvidar citar y dar las gracias tanto a Lola como a Jose, madre e hijo que llevan tanto el hotel como el restaurante como si fuera su propia casa, haciendo vivir a todos lo que estamos allí una entrañable experiencia.


Creedme, sencillamente increíble.

Datos de interés:

Hotel: Monte del Tejo
Restaurante: El cucharón de Lola

C/ del pozo, 23-25. 28190 Montejo de la Sierra Madrid.
Teléfono: 91 869 74 45

Cómo llegar:
La forma más sencilla en coger la A1 dirección Burgos, salir por la 76 dirección GANDULLAS y continuar dirección Montejo de la sierra. Es muy fácil.

miércoles 28 de mayo de 2008

GRANOLLERS. El Trabuc.


Es parte consustancial del disfrute de la mesa el departir con los comensales, si éstos (éstas) son además buenos conversadores, amigables y tienen el mínimo sentido del placer, la cosa se hace fácil y enormemente agradable. Eso es lo que tengo en mi memoria reciente del restaurante El Trabuc de Granollers, buen local, buen servicio, carta donde se hacen poesia las propuestas más sugerentes de la cocina catalana (topicazo al canto!!), buenos vinos y cavas y una agradable compañía capaz de hacer amena cualquier propuesta mediocre. Como en el caso de El Trabuc, la propuesta es de gran calidad, la experiencia fue deliciosa ámpliamente.
El local está situado en las afueras de Granollers, es una antigua masía bien conservada y bien instalada que desentona en el entorno de polígono industrial que se cierne sobre el caserón, pero esto no es relevante, el aparcamiento, el acceso y la primera vista del local, de corte clásico como corresponde al estilo de la construcción que alberga al restaurante. Todo buenas vibraciones.

Servicio muy amable y atento a las necesidades de la mesa en todo momento, y una carta... ¡una carta!, para perderse en ella durante un buen rato, buenas y muchas propuestas que adivinan buenos productos, para compartir o para uno solo.
Bacalaos, hortalizas, verduras, embutidos, carnes, pescados (el bacalao para mi va siempre el primero y a parte)... que se yo.
Obviamente no defrauda la cocina, con buen trato a los productos de calidad no busca epatar si no satisfacer, sin excesos, con sobriedad y honestidad "pallesa". Una experiencia recomendable, aunque creo que es mejor comer al mediodia que hacerlo por la noche, por la abundancia y necesidad de tiempo para digerir con cuidado lo ingerido.

Platos exquisitos como el frito de judías con butifarra y ceps, o la cola de buey con trompetas de la muerte y llanegas, o el solomillo de ternera pimentado y fileteado. Disponen además de una extensa carta con patos muy elaborados de calidad con presentación elegante y de muy buen gusto. Podemos contar además con días especiales como los martes de escudella y carn d'olla, nosotros probamos las croquetas, los miércoles fideuay los jueves paella de la casa.

Postres deliciosos y bien tratados.
Mi memoria queda para unas cocochas de bacalao al pil-pil y para las dos amigas de Donosti que se sumaron al grupo e hicieron mas grata si cabe la velada.
Siempre me hago la misma reflexión al final, ¿es caro en relación a qué?. No diría yo que es caro el ágape en El Trabuc, al final 40 € por cabeza... ¡una maravilla!.


Carretera de Masnou,

Granollers, 8400
Tel.: 93 870 8657

sábado 17 de mayo de 2008

TERUEL. La Tierreta


Por una razón u otra, desde hace años vengo recalando un par de veces por temporada en Teruel. Esta ciudad ejerce sobre mi la fuerza de la memoria de algunos mitos personales y la sensación de reconocer lo ya vivido. O viceversa. 
Del Mudéjar ni hablamos. ni de las cortantes temperaturas incluso a destiempo.
De Teruel, la ciudad, gastronómicamente, siempre me place rememorar un sustancioso caldo caliente en un mesón céntrico en una dura noche de febrero y el calor y color de unas brasas de encina que daban ese color, textura y sabor a unas suculentas piezas de bovino. De Teruel, de siempre, he tenido fresco en la memoria el aroma y sabor de su jamón recién cortado. De Teruel se me hacen presentes las aceitunas negras, arrugadas, aceitosas, salpicadas de minúsculos recortes de cebolla, y conforme me acerco por la ahora autovía (impensable en el tiempo en que sufríamos en nuestros depauperados vehículos las temibles "cuestas de El Ragudo), se me aparecen en mis glándulas salivares los aromas de unos "rebollones" rehogados y salteados con ajetes y alguna ilustre compañía del porte del embutido de Aragón, el jamón del terreno o los pimientos de Calahorra.
Y un buen día, sin estar avisados ni buscar encontrarlo, dimos con el rinconcito donde se guarecen dos fenómenos de la renovación culinaria de esta ciudad, en esa calle estrecha detrás de la catedral donde casi de sopetón te encuentras con la puerta de La Tierreta. Como desubicada en el ilustre entorno. Ya sé que carece de sentido (aparentemente), pero me gustó la puerta, me resultó acogedora en su desubicación del entorno, me dijo al verla que ese aspecto rupturista y sobriocomo los muros que la rodean, presagiaba otro tanto en su cocina (o no), había que probar, un vistazo al interior, en busca del lugar donde saciar las hambres y exigencias de mi vástago y su madre, vistazo tímido y temeroso dadas las horas (15:00 h) de un sábado de puente. Porque mis gentes son exigentes, en la calidad, la cantidad, el entorno y... el precio. Y, hay del servicio como no se esmere.
El local, acogedor aunque con un aire distante, demasiado previsible en su decoración y ajuar, mostraba un buen aforo. Fuimos acogidos con complacencia y calidez, sin familiaridades ni engolamientos y, a pesar de no tener reserva, pudimos ocupar una mesa inmediata a la entrada. La puerta y la mesa, y un local que observado con más detenimiento, y enseguida explorado camino del lavamanos, se hacía grande en su topografía revirada, y en la medida que tomaba volumen se tornaba más confortable.
La carta era, es, una promesa de delicias autóctonas entretejidas en propuestas singulares y atractivas: un caldo, consomé o sopa, cardo en crema de tronchón con gambas a la sartén, carpaccio de solomillo con ralladura de queso de cabra. ventresca de bonito al orio de setitas, arroz de pichón, solomillo de ternera entreverado de trufa y para cerrar,las trufas de chocolate envueltas en hojaldre o el helado de maracuyá sobre requesón. 
De su carta, ante la avalancha de sugerentes entrantes, platos y postres, decidimos una comanda a compartir para dar cumplimiento al deseo de probar los más platos posibles. Por si no volvíamos. De su carta de vinos, de entrada sólo tuve ojos para las propuestas de la tierra.
Y ya supe que en esa comida, al final, una copita de un PX bien viejo restañaría cualquier herida abierta por la osadía de pedir lo más selecto de la oferta.
Luis Estopiñán y Oscar París, los propietarios, los fenómenos culpables de perpetrar La Tierreta, han diseñado una propuesta gastronómica sincera y noble, con imaginación y creatividad bien articulada, con la enorme ventaja que otorgan unos productos de enorme calidad que se apoderan de los platos. Para darle redondez, una carta de vinos en la que priman los elaborados en la provincia de Teruel, principalmente los de Vino de la Tierra del Bajo Aragón, así como los procedentes de las cuatro DO aragonesas (Calatayud, Campo de Borja, Cariñena y Somontano). En total, rondan las 125 referencias con presencia de zonas vinícolas nacionales como Rioja, Ribera del Duero y Toro, y otras internacionales como Chile, Sudáfrica o Bulgaria.
Si debes comer en Teruel, ni lo dudes. Si puedes comer en Teruel, merece la pena hacer el viaje.

TERUEL

C/ Francisco Piquer,6 (detrás de la catedral)

Tel.: 978-617923

Cierra: domingos

viernes 16 de mayo de 2008

VALENCIA. La Matandeta.


Como hoy he quemado calorías como hacía tiempo, he decidido liarme la manta a la cabeza y pasarme un poco, mañana comeré en La Matandeta.
De manera provisional, para ir avanzando en mi intención de poner al día muchos lugares vividos, voy a postear este comentario sobre este restaurante, debilidad de mi casa. Aunque ni transmite todo lo que quisiera contar, si que es fiel con lo que quiero encontrar en La Matandeta.
Este restaurante familiar situado en medio de los arrozales de la Albufera es una antigua barraca con muros de adobe y tejado de paja de arroz (ésto lo he leído por ahí, y como me parece una cursilería tipo "blascoibañezsco" muy bien traída, la reproduzco). La cocina es el territorio de Maria Dolors Baixauli, mientras que su pareja, Rafa Gálvez, es el especialista de los vinos y aceites, territorio en el que sienta cátedra con suave mano y recio cfriterio. 
Arroces bien tratados, en su punto de cocción tanto si son secos, melosos o escurren sus granos entre sabrosos caldos. Nobleza culinaria de paellas y "peroles" al fuego de leña de naranjo (o no), memorias de la cocina de "la marxal" puesta en escena con nuevas escenografías. Coca de botifarra. polp torrat, llisa, esgarrat, anguiles, llobarro... son replanteadas con el acierto del esfuerzo, bomba con pulpo a la brasa y parmentier, crujiente de "all i pebre" con su helado, mousse de llisa con guacamole germinado y helado de escabeche... ¿quién da más?. La Matandeta propone un sinfín de platos regionales tradicionales reinventados, sabrosos y fragantes. Es el caso de la coca de hojaldre con morcilla y cebolla, sin más. Ni menos.
Por el vino ni os preocupéis, dejaos llevar de la mano de Rafa por cualquier vericueto de los vinos valencianos (también de todas las demás zonas vinícolas de España y del mundo), pero merece la pena aprovechar y conocer una nueva etiqueta de buen caldo autóctono.
Cuando, más adelante, revise este post os prometo contar el origen del nombre del lugar "Matandeta".
Como veréis, ni he mencionado a Gwyneth Paltrow.

Alfafar (Valencia)

Carretera de El Saler a Alfafar Km4

Tel.: 962112184

SLOW LIFE. SLOW FOOD. Sin prisas, por favor

El Movimiento Slow propone aparcar la prisa y disfrutar del cada minuto. Para ello reivindica un una nueva escala de valores, basada en trabajar para vivir y no al contrario. La biodiversidad, la reivindicación de las culturas locales y un empleo inteligente de la tecnología, son algunas de sus principales señas de identidad.Por que como dice el corrido mexicano “ No hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar”

El hombre siempre ha vivido condicionado por el paso del tiempo, pero muy especialmente a partir de la Revolución Industrial la idea de velocidad ha estado asociada con la de Progreso. Así por ejemplo, el Movimiento Futurista a principios del XX, consideraba la velocidad como una muestra del triunfo del hombre sobre la naturaleza. Su frase “Un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia“ resume unos postulados que parecen no haber perdido actualidad. Todo lo que conforma nuestro entorno nos invita a vivir de una manera veloz, sin detenernos a mirar lo que pasa a nuestro alrededor. Las marcas de moda nos presentan su nueva temporada de invierno cuando aún estamos sacando nuestros bañadores del armario.Hasta hace unos años, el domingo se descansaba. Hoy, el mundo no para su actividad en ningún momento, se tiende a que todo funcione 24 horas al día y 365 días al año. La ciudad nunca duerme.
Por otro lado, es cada vez más frecuente pasar el día entero en los malls se recorre el lugar haciendo shopping, más tarde se reponen fuerzas comiendo en un local de fast food y se termina la jornada en el cine acompañados de unas pop corn. Es decir, se puede consumir durante todo el día, sin ver la luz del sol, inmersos en un universo artificial de luces, olores y sonidos diseñados para fomentar el consumo.Como consecuencia de este estilo de vida proliferan enfermedades como la obesidad, el estrés o el Síndrome de la Felicidad Aplazada que consiste en la profunda angustia que experimentan las personas que no cuentan con tiempo suficiente para cumplir con todas sus obligaciones diarias y que posponen cualquier experiencia gratificante a un hipotético momento futuro, que finalmente nunca se alcanza.Se identifica ser el primero con tener éxito y se considera la lentitud propia de perdedores o personas sin iniciativa. Pero, todo tiene un límite y el culto a la velocidad parece estar llegando al suyo. El concepto de Slow Down o desaceleración, está cada vez más presente en nuestra sociedad y son numerosos los movimientos que se han formado para luchar contra la tiranía del reloj.En Austria, La Sociedad para la Desaceleración del Tiempo aboga por prestar más atención al presente y a la cultura.

En Tokio, el Sloth Club, apuesta por una vida más tranquila, inspirada en el animal perezoso. Promueve el concepto de hacer menos, de vivir en forma sencilla sin depender del consumo. En esta línea se enmarca el Downshifting cuyos miembros tiene el noble objetivo de vivir con modestia y pensar con grandeza. Según ellos se puede vivir mejor consumiendo menos.Tampoco faltan propuestas como Take Back Your Time, iniciativa surgida en Estados Unidos y Canadá para concienciar sobre la epidemia de exceso de trabajo y horarios extremos que amenaza la salud, las familias y las relaciones con la comunidades. Entre sus propuestas está la de conseguir que el 24 de octubre sea nombrado Día Oficial sin Relojes.Camina no corras es el slogan de Camper, que también se ha unido al espíritu de la desaceleración. Esta empresa española, ha querido con su publicidad abrir los ojos del comprador y animarlo a llevar un tipo de vida donde el trabajo y la actividad cotidiana pueden ser compatibles, sin dejarse llevar por la presión del tic-tac.
Y es que esta Actitud Lenta, aplicada al trabajo, no tiene porque significar menor productividad sino por el contrario un trabajo de mayor calidad , más atento a los detalles y desarrollado en un ambiente más flexible y estimulante. De este modo se consigue mayor eficacia e implicación de los trabajadores, que además al terminar la jornada se encuentran en mejor disposición de disfrutar de la vida. Se trata de vivir el presente.
De todas las manifestaciones surgidas en torno a la idea de la desaceleración la más importante es el Movimiento Slow. Debe su origen, en 1989, a la protesta llevada a cabo por el periodista Carlo Petrini, ultrajado por la apertura de un restaurante de comida rápida junto a la escalinata de la Plaza de España en Italia. En ese momento nació la conciencia de proteger la alimentación tradicional, basada en la biodiversidad, frente al imperio de la cómida rápida. Ese mismo año, en París se dio nombre al movimiento y se diseño su logo, a partir de la imagen de un caracol. El nombre de este movimiento fue Slow Food y supuso el germen a partir del cual más tarde surgirían las Slow Cities.Las Slow Cities o Convivias, van más allá del Slow Food, y se han convertido en toda una filosofía de vida. Sus habitantes disfrutan de la naturaleza y valoran mucho pequeños placeres tales como comer, o dialogar o mejor aún hacer ambas cosas a la vez. En ellas no hay lugar para la prisa y se trata de fomentar la creación de una conciencia más humana. La primera fue fundada en Bra, en la zona del Cuneo, Italia, y se ha convertido en la sede central de este movimiento. A partir de ahí, la creación de otras Ciudades Lentas no ha parado y en el 2005 ya se superaba la cifra de cien países afiliados.Para que una ciudad se pueda convertir en Convivia, deben cumplir una serie de pautas. La población no puede sobrepasar los 50.000 habitantes, ni ser una capital y además se deben cumplir una serie de requisitos en seis planos diferentes: legislativo medioambiental, infraestructura política, calidad urbana, productos locales, hospitalidad con los visitantes y conocimiento sobre las actividades de la localidad.
Lo que todas las Slow Cities tienen en común es la voluntad de construir un espacio más humano, con medidas que van desde sistemas de aire que controlan la polución a iniciativas para animar a la protección de los productos y la artesanía locales o planes para eliminar ruidosas alarmas, mediante programas de seguridad alternativa.Una Slow City también debe contar con una educación en consonancia con su estilo de vida. En las Slow Schools no importa cuándo va a sonar el timbre, sino cuándo los alumnos han comprendido la lección.Y después de una Slow Food nada mejor que una tranquila siesta y mejor aún acompañada de Slow Sex. Esta disciplina del movimiento Slow está basada en el Tantra Sexual. Las caricias, la respiración y no tener prisa es indispensable para esta práctica.El libro In Praise of Slow del periodista Carl Honoré podría ser considerado el manual de iniciación para cualquiera que esté interesado en esta forma de vida. En él se describen con casos prácticos y mucho sentido del humor los beneficios físicos y psíquicos que puede aportar la filosofía Slow.El Movimiento Slow se ha extendido a países como Brasil, Australia, México, Japón, Líbano… y se han llegado a crear 750 Convivias. Las ciudades, que conforman el movimiento, ofrecen un premio a proyectos que favorezcan la biodiversidad. El organismo que coordina estas actividades es la Slow Food Foundation for Biodiversity.Aunque todas estas localidades tienen una misma meta, cada una cuenta con sus particularidades. Por ejemplo, la Convivia de Río de Janeiro, creada en Noviembre de 2000, suma a su actividad proyectos sociales como las Mesas Fraternales que ayudan a las comunidades más necesitadas en el plano alimenticio. Una de ellas es la del Hospital de Porto Velho donde por ejemplo, los pacientes indígenas son alimentados con su comida tradicional.




En España el Movimiento Slow llegó en 1994. Podemos encontrar 11 Convivias dispersas en toda la Península. Además en la primera edición de los Slow Food Awards, Jesús Garzón fue uno de los ganadores gracias a su labor de identificar los caminos de rebaños y revivir las actividades de trashumancia como medio de protección del medio ambiente de las montañas.El Movimiento Slow hace que las personas se pregunten: ¿realmente es necesario vivir tan acelerados? ¿disfrutamos lo suficiente de nosotros mismos y de nuestro alrededor? ¿Por qué nos hemos dejado seducir por otras culturas cuando vivimos en una que no tiene nada que envidiar? Ocupados en ganar dinero que nos asegure un futuro cada vez más incierto, nos hemos olvidado de disfrutar de lo cotidiano. ¿por qué no ir andando al trabajo si se encuentra cerca?, ¿por qué no levantarte diez minutos antes y darte un homenaje con un buen desayuno? o simplemente ¿por qué no dejar que sea la vida la que nos marque su propio ritmo?

lunes 12 de mayo de 2008

BARCELONA. Bilbao


En el barrio de Gracia, mas exactamente en la calle Perill nº 33 se encuentra "escondido" el restaurante BILBAO. Lugar fabuloso (de fábula) por su ubicación, solera, ambientación y parroquia con más de 50 años de historia tras de sí, sin duda, el Bilbao es uno de los establecimientos más emblemáticos de Barcelona, de sus platos sobresalen los canelones trufados, el bacalao a la ampurdanesa, el filete de toro a la pimienta o la sopita de fresa con helado de maracuyá, entre otros platos.

El Bilbao es otro mundo. Salvando las distancias me recuerda a nuestro Barrachina tristemente desaparecido, aunque en el Bilbao hay algo más de actualización de su cocina. Los huevos fritos con foie y Pedro Ximenez, ahora tan de moda, en el Bilbao ya son un clásico. Sus guisados, como el rabo de buey son como miel en la boca. El morro de bacalao o el "trinxat" de col i patata son también clásicos en este cincuentenario restaurante. La carta es estraña, a veces uno no sabe como enfrentarse a ella, pero hay opciones para todos los gustos. El local tiene ese aire de antiguo café que recuerda al deasparecido Velódromo de Muntaner, con ese encanto irregular que nos transporta en el tiempo. La carta de vino es completa aunque un tanto clásica y las copas a veces no estan muy cuidadas. Pero en definitiva, es un restaurante para ir a comer, y a comer bien de verdad.

 

C/ Perill, 33

Tel.: 93 458 9624

De 13 a 16 y de 21 a 23 h. ( Cerrado : D y Festivos)

Barcelona

Gràcia

Metro: Diagonal (Líneas 3 y 5)

domingo 11 de mayo de 2008

VALENCIA. Boing Boing

Lo último para cenar en Valencia Se llama Boing Boing, y está en la calle Conde de Montornés número 8, cerca de la plaza de los Patos., en una antigua casa de dos pisos reformada en plan muy popero y modernillo, donde el primer piso es ideal para tomar las copichuelas (antes o después) en sus cómodos sofas, con la música un pelín más alta y luz más tenue y el segundo pensado para las cenas o comidas. 

Te sorprenderá su ubicación y su decoración original e impactante.

La idea es que todo se comparte, la lista tiene 20 platos y van todos al centro. Te puedo decir que es una auténtica delicia (te digo que hacía tiempo que no disfrutaba tanto). Milhojas de berenjenas, hojaldres con espinacas y queso de cabra, rissoto al queso con tomate, mini hamburguesas de buey con mermelada de cebolla, ensalada de tres quesos con vinagreta de frambuesa…

Te aconsejo que reserves con antelación, su teléfono es 96 392 02 02.